los errores y la culpa

La culpa, para mí es uno de los sentimientos más turbios. Lo vivo como el resultado de mi falta de aceptación de mis errores y el origen de mi autoexigencia. Una falta de aceptación de mis limitaciones.

De niña, en mis aprendizajes académicos o vitales sentí poca aceptación de los errores, lo que valoraban los adultos sobre todo, y casi únicamente era el resultado. Poco escuché hablar de la intención. Para evitar ese sentimiento de desaprobación e incluso humillación que recibía no me permitía cometer errores, no los veía como una parte del aprendizaje. Quería evitarlos, tenía miedo a cometer errores, no me los permitía, me sentía culpable. Sin embargo, son inevitables, aprendemos así equivocándonos, por lo que ante lo inevitable y no permitido fue creciendo el sentimiento de falta de confianza en mí misma y creciendo mi autoexigencia. Ahora veo que éste es el germen de mi necesidad de control.

A todo ésto, se unía una creencia que para mí tenía mucha fuerza “las cosas se hacen bien o no se hacen”, que alimentaba aún más mi autoexigencia.

Me fui dando cuenta, inconscientemente, que si ponía mucha atención e invertía mucho tiempo en mejorar, en preparar mucho los exámenes, en poner atención en lo que hacía y cometía los mínimos errores posibles, mi sensación de competencia y de valía aumentaba. Así llego el reconocimiento y eso alimentaba esta forma de funcionar. También pasó así en el trabajo. El hacer pudo con el ser.

Así, en algún momento mi ser, mi conexión con mis motivaciones, necesidades, ritmos se fue quedando bastante olvidado y escondido en un lugar poco accesible para mí. Mientras llenaba mi tiempo de quehaceres la escucha a mi ser esencial se quedaba sin espacio, nadie hablaba de ello y tampoco eso era lo valorado, por lo que tardé en darme cuenta de ello.

Mi ser tuvo que esperar a mi primer embarazo y a mi maternidad para por fin ser escuchado. Fue mi hijo Iago el que me trajo este mensaje. Claro, fue un mensaje oculto, nada fácil de entender para mí más acostumbrada a ver a través de mi cabeza y poco con la parte más de sentir. Le estoy eternamente agradecida a Iago por su regalo, por su bajada de ritmo, por pedirme estar (mucho más de lo que yo era capaz).

Al de ser consciente de lo que ha supuesto la no aceptación de mis errores en mí, acepto mejor los errores del resto de personas, sobre todo los de mis hijos. Me resulta más fácil sentirles y acompañarles en sus frustraciones cuando se equivocan a pesar de que ponen la mejor de sus intenciones. Intento no cargarles además con mi desaprobación que es para mí lo que genera la culpa y el miedo al error que evita que lo sigan intentando.

También intento reconocer mis errores y explicarles como me siento cuando pasa, en lugar de enfadarme conmigo misma como aún es mi funcionamiento automático. Un nuevo aprendizaje, y en el intento seguro que volveré a equivocarme, esta vez con cariño.

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog

2 comentarios en “los errores y la culpa

  1. Eli dijo:

    Hola Ana. Como habitualmente, resueno mucho con lo que dices. Es como si le pusieras palabras a mi experiencia. Tengo apuntada una frase del libro que me recomendaste, que fue como un dardo haciendo diana en mi ego: La perfección es el ideal de los idiotas. Sé que en su día el tratar de ser perfecta tuvo sus ventajas para mí: obtuve mirada, admiración, ocupé un lugar destacado en el insti, ante mi padre, mis compañeros de clase… pero el precio a pagar es enorme, el peso asfixiante de la autoexigencia, el autocontrol, la desconexión, las tensiones en mi cuerpo que acaban en lesión, en el cuello, los hombros, las rodillas… buff! Gracias por compartir. Un abrazo

    Me gusta

    • anabrial dijo:

      Hola Eli!!! pues sí esa frase es muy dura a la vez que también acertada en mi opinión. También viví que la exigencia tuvo ventajas a corto plazo para mí… pero como dices a largo plazo se va construyendo un personaje a medida que creemos que ese personaje somos nosotros y nuestro ser queda en la sombra… Por lo que aunque en su momento nos sirvió (según Laura Gutman menciona unos cuantos personajes cuando habla de la Biografía Humana encontré uno que era “torre de control”, que me pareció bastante acertado para mí) y nuestra personalidad se fue haciendo en la búsqueda de esa mirada, o en evitar juicios. Con la toma de consciencia intento ver todo lo que me dificulta vivir ese personaje e intento dejar ese disfraz… Sin embargo me he valido de él durante mucho tiempo y a veces sigo cayendo en necesitar el control pero con el tiempo y darme cuenta ya puedo parar, disculparme, y caer mucho menos en ello. El camino de reeducación… Un abrazo Eli.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s