la aceptación, una liberación

Hace algún tiempo escuché que para cambiar algo de nosotros mismos o una realidad que vivimos que nos produce malestar primero había que aceptarlo. No negarlo, ni resignarse, ni resistirse. Se me hacía difícil entender qué era aceptar. Era algo que tenía en la cabeza pero no sentía.

Con el tiempo conozco y siento lo que es aceptar, y digo que ha sido una liberación porque me he dado cuenta de que el resistirme a ver la realidad tal cual es, o verme tal como soy me lleva mucha energía. A mí la resistencia me desgasta, supone intentar justificarme (muchas veces conmigo misma), intentar encontrar explicación a lo que pasa o a lo que me pasa, querer cambiar, desde la frustración y el malestar, a mí misma o al otro… mucho “trabajo” sin frutos porque el no aceptarlo hace que persista aquello que no acepto.

Lo que más me ha ayudado a acercarme a la aceptación es eliminar las expectativas sobre mis hijos.

Mis hijos son un reflejo de mi inconsciencia, y precisamente ahí están las claves de mi desarrollo. Todo lo que me muestran son oportunidades para despertar, para completarme como persona. Como dice Shefali Tsabary en su libro Padres Conscientes “la relación padres hijos existe para transformar a los padres, mientras que educar a los hijos es secundario”. Y esto dice mucho sobre mi experiencia. El camino emprendido hacia mí misma comenzó por mi maternidad, como he comentado en otra entrada.

El mejorar mi relación con mi hijo Iago fue el motor del viaje, mi motivación. Me vivía mucho desde cómo tenía que ser la crianza, cómo tenía que dormir, cuando tenía que caminar, por cierto todo basado en creencias de otros sin mi propio criterio, seguramente desde las creencias más socialmente aceptadas y desde lo que he vivido. Inconscientemente me creía con el derecho de tener poder sobre su vida, como si por el hecho de ser su madre tuviera o pudiera controlarle. Nuestra relación en gran parte, estaba dominada por mi ego controlador. Lo que a la vez era muy doloroso para mí.

No vivía la aceptación a mí misma por lo que aceptar a mi hijo en esencia me resultaba difícil… Confiando en que primero Iago y después Leire saben más que yo sobre mi inconsciente he ido conociéndome, aceptando partes de mí muy ocultas y también cambiándolas, accediendo a partes más tiernas, vulnerables y divertidas, accediendo más al amor y la confianza. Aceptar es una forma de amar.

Así para mí aceptar es sentir que la vida es, mi hijo o hija son, yo soy, mi pareja es, mis padres son, etc. sin juicios ni añadir explicaciones o justificaciones, las situaciones son. Dejar de pensar que algo que me pasa es bueno o malo, fácil o difícil. El aceptar me aleja de la comparación, de los juicios, se activan menos las creencias y vivo más en calma y con más energía para dedicarla a lo importante. Además esta actitud me conecta con la confianza en la vida y los demás, y soltar el control.

Lo que llamaba casualidades ya no tienen sentido para mí. Confío en que la vida me pone en las situaciones y con las personas que necesito para aprender y crecer. Lo que no sale como esperaba es para algo, me trae un aprendizaje aunque en un primer momento sea frustrante, decepcionante o doloroso. Sigo caminando, pero me siento más libre.

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog

4 comentarios en “la aceptación, una liberación

  1. Iranzu dijo:

    Hola Ana!!! Gracias por compartir con el mundo tus experiencias!!! Me alegro un montón de que sigas en el camino de ser más tú, más fiel a ti misma, más feliz….Yo también ahí sigo.
    Ayer a la noche, hice una lectura rápida de tu escrito sobre la aceptación y me llegó mucho. Hoy me ha servido para acercarme a lo que para mí es la aceptación hoy.
    A mí también, aunque lo había escuchado muchas veces, se me hacía difícil entender qué era aceptar. Era algo que tenía en la cabeza pero no lo sentía.
    Ahora sin embargo, he empezado a experimentar lo que es, lo siento.
    Para mí aceptar es descansar. Es mirar hacia abajo, hacia donde yo me siento fuerte y sólida.
    Durante muchos años, sin darme cuenta, como dices en tu blog, desde la inconsciencia, he vivido con las antenas puestas fuera. Así había aprendido a vivir. El vivir así, me hizo acallar lo más hermoso, que por cierto no estaba fuera si no dentro de mí. Me movía el miedo, el susto, la exigencia, la comparación, la preocupación….Todo esto, como tú también lo comentas, me lleva mucha energía. El miedo me lleva a la resistencia, al bloqueo y me desgasta. La preocupación me lleva por el camino de intentar encontrar explicación a lo que pasa o a lo que me pasa, querer cambiar, desde la frustración y el malestar, a mí misma o al otro… A mí todo esto me mantiene en tensión, en lucha, con una dureza conmigo misma y con los que me rodean…..Y sin ningún fruto porque como dices, el no aceptarlo hace que persista aquello que no acepto.
    Para mi aceptar es descansar. Es volver una y otra vez a ese centro que está en calma, que me hace vivir de verdad. Disfrutar de las pequeñas cosas… Vivir la ternura, la alegría, la tranquilidad.. Aceptar es para mí respetarme, quererme…Ser cada vez más fiel a mi ritmo a lo que yo soy… Y aceptar es también respetar y querer al otro. Es maravillarme con las personas que tengo alrededor, con todo lo bueno que hay en ellas. En fin… siento que esta es la mirada que me da frutos y me hace crecer.
    Por cierto, estuvimos en Galicia en Semana Santa!!! Vaya maravilla de lugar…
    Estaremos en contacto. Un abrazo.

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