nuestra capacidad de amar

El amor es algo que toda persona está llamada a vivir, una aspiración profunda de cada ser humano. Todos tenemos capacidad de amar igual que todos somos dignos de recibir el amor de los otros por nuestra Belleza interior.

Todos poseemos esa Belleza interior digna de admiración, sin embargo no siempre la dejamos visible ante los demás o no siempre estamos atentos a encontrarla en la otra persona.

En mi experiencia, cuando no dejo mi Belleza visible ante el mundo, cuando no he vivido la apertura hacia el mundo ha sido por dos razones: primero, porque no era consciente de qué estoy hecha, de esas cualidades, capacidades que forman mi SER. El no saber quien soy me hace sentir inseguridad, vulnerabilidad, desorden, miedo; segundo, por creer que puedo no ser aceptada tal como soy, que puedo ser juzgada.

Por lo tanto, la razón por la que no me abro al amor es por miedo. Si no hay apertura en mí para mostrarme, si no me atrevo a ser yo misma, los demás no me pueden ver, admirar, amar.

Aquí ha sido de gran ayuda para mí darme espacios de autoconocimiento, para conocerme y comprenderme, me ha hecho reencontrarme con mi fuerza.

Por otro lado, cuando no estoy atenta a encontrar esa Belleza en la otra persona es porque estoy demasiado en mis pensamientos y emociones, no consigo conectar con el exterior. El vaivén interno me acapara toda la atención y energía y me hago caracol, normalmente no es una elección sino una respuesta ya automática para mí, aunque cada vez esté menos tiempo escondida en la concha. De esta forma renuncio inconscientemente a admirarme de los otros y disfrutar de la riqueza del compartir ese tiempo y espacio con ellos, perdiendo oportunidades de amar.

Algo que me ha ayudado mucho a estar más abierta a conocer al otro, y mirarle con interés de conocer el misterio que es, ha sido abandonar el juicio (o intentarlo). No interpretar la realidad de los demás, yo sólo conozco la mía, como mucho, y juzgando demuestro que me importa más lo que el otro hace que lo que es, ya no le estoy aceptando, amando por lo que es.

Me alegra mucho darme cuenta de algo que llevo tiempo observando: tenemos formas de conectar muy al alcance de nuestra mano: la mirada, la escucha, la generosidad, la comprensión, la compasión, la ilusión, la alegría, la confianza, el silencio, el respeto, los detalles que todos vivimos en mayor o menor medida. 

En todos nosotros está esa aspiración a vivir el amor sólo tenemos que atrevernos a dar y también atrevernos a recibir.

Cada uno tenemos una tendencia más en relieve, nos resulta más fácil dar amor o nos resulta más fácil recibir amor. Detrás de las dificultades de dar más a los demás o de dejarnos querer más están nuestras ideas o creencias limitantes. Digo que las ideas nos limitan porque nuestro comportamiento es fiel a nuestras ideas y mientras no sustituimos una idea antigua por otra nueva seguiremos actuando según la antigua dicta.

Por ejemplo, en mi caso he descubierto que dos de las ideas más limitantes que tenía respecto al amor son las siguientes:

“Merezco que me quieran por lo que hago”. Tiempo atrás no reconocía en mí esa Belleza (mi ser) de la que hablaba antes, por lo tanto creía que en gran medida era lo que hacía y que merecía el amor de los demás según el juicio de los demás respecto a lo que hacía. Esa idea la he sustituido por “merezco amor por lo que SOY”, mucho menos exigente y real. Darme cuenta de esto me ha dado mucha confianza y serenidad.

“Necesito que me amen como lo hago yo”. Esta otra idea también es muy exigente y limitante. Cada uno tenemos unas capacidades, unas necesidades diferentes y nuestro amor se puede demostrar de muchas formas diferentes. Es decir, si mi forma de amar a alguien es escucharle no tengo porqué esperar de esa persona que me escuche, quizá no sea la mejor de sus cualidades pero sí puede que de vez en cuando me invite a su casa para compartir su tiempo conmigo. Abrirme a otros “formatos” de amor que nos son los míos también me ha ayudado y dado libertad en mis relaciones y grandes oportunidades de vivir el amor.

En conclusión, nuestras esencias, nuestros niños interiores están deseosos de conectar, de encontrarse, de amar y compartir. De nosotros como adultos depende abrirnos a sentir y vivir esta capacidad, disfrutar de nuestros tesoros y enriquecernos con los del resto de los seres humanos.

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog

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