¿somos los protagonistas de nuestra vida?

En el contexto en el que más me siento en calma, en paz, con menos tráfico de pensamientos y menos exigencias es en la naturaleza. Estos momentos me dan la oportunidad de maravillarme con la realidad. Estando, observando el ritmo de la naturaleza puedo apreciar la humildad, la aceptación de cada elemento que la compone. Un árbol no pretende ser pájaro, una roca no pretende ser mariposa, un río no pretende ser el sol. Cada uno asume su naturaleza, su lugar, su función y no se compara con nada, no hay frustraciones, no hay expectativas, no hay juicios. Esto ocurre porque entre esos elementos no hay capacidad lingüística y todo se hace sencillo, natural, sabio y bello. Hace millones de años cuando no habíamos desarrollado esa capacidad de comunicación seguramente era todo más sencillo también entre los “humanos”.

Algo diferente vivo en la mayoría de las relaciones, tanto las que tenemos con nosotros mismos como con los demás. Aquí surgen las comparaciones, las frustraciones, las dependencias, las exigencias  y tiende a ser más complicado.

Así para allanar este camino de las relaciones, para mí es esencial que cada uno vivamos nuestras elecciones, liberemos al resto de personas de todas nuestras expectativas y nos hagamos responsables de nosotros mismos. Con hacernos responsables de nosotros mismos me refiero a conocernos y aceptarnos en los que somos, conocer nuestras necesidades y hacernos responsables de satisfacerlas y no poner en el otro la responsabilidad de que nos complete, pidiendo que nos de aquello que sentimos que nos falta. 

Normalmente todas estas peticiones las hacemos inconscientemente pero en muchas ocasiones manejan los hilos de las relaciones en perjuicio de la libertad de las personas y de la armonía de la relación.

Cada uno de nosotros ya somos completos, quizá no perfectos tal y como nuestra mente está acostumbrada a exigirnos, sin embargo podemos ser extraordinarios y únicos sin ser perfectos, como cada elemento de la naturaleza.

Como decía al comienzo, la naturaleza me sirve de gran inspiración y comparto un texto que me transmite la sabiduría de la naturaleza que me trae la confianza, aceptación, generosidad y libertad que tan bien harían en nuestras relaciones. El texto hace referencia al momento en el que las hojas se SUELTAN de los árboles en otoño:

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“Las hojas no caen, se sueltan….

Siempre me ha parecido espectacular la caída de una hoja.

Ahora, sin embargo, me doy cuenta que ninguna hoja “se cae”

sino que llegado el escenario del otoño inicia la

danza maravillosa del soltarse.

Cada hoja que se suelta es una invitación a nuestra predisposición al desprendimiento.

Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad

y profundo de sabiduría:

la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire

sabe del latido profundo de una vida que está siempre en movimiento

y en actitud de renovación.

La hoja que se suelta comprende y acepta que el espacio vacío

dejado por ella es la matriz generosa que albergará el brote de una nueva hoja.

La coreografía de las hojas soltándose y abandonándose a la sinfonía del viento

traza un indecible canto de libertad y supone una interpelación constante y contundente

para todos y cada uno de los árboles humanos que somos nosotros.

Cada hoja al aire que me está susurrando al oído del alma

¡suéltate!, ¡entrégate!, ¡abandónate! y ¡confía!.

Cada hoja que se desata queda unida invisible y sutilmente

a la brisa de su propia entrega y libertad.

Con este gesto la hoja realiza su más impresionante movimiento

de creatividad ya que con él está gestando el irrumpir de una próxima primavera”.

Texto original de José María Toro, extraído del libro “La Sabiduría de Vivir”.

La dificultad para soltar que tanto en mí como en los otros puedo observar a menudo me hace recordar el refrán “mejor malo conocido que bueno por conocer” que tanto he escuchado y tanto miedo contiene. Miedo a dejar lo conocido (no por ello “bueno”), poca apertura y desconfianza en la vida. Este dicho invita a paralizarnos y quedarnos en la aparente seguridad de lo que conocemos, sin tener en cuenta las oportunidades de vida que dejamos de lado.

Cuando tenemos miedo no vivimos nuestra libertad, confianza, amor, generosidad y belleza y nos anclamos en el dolor, la frustración hasta que una circunstancia aún más difícil nos empuja hacia el cambio. Mi experiencia es que cuando acepto y elijo confiar (después de tener en cuenta mis miedos), puedo tomar una decisión más libre y coherente conmigo misma. Sin embargo cuando me resisto ante algo, no acepto y las circunstancias son las que cambian mi realidad me siento más a la deriva, más “víctima” de lo que pasa y menos protagonista de mi vida.

¿Somos los protagonistas de nuestras vidas, un papel secundario o un extra…?.  ¿Facilitamos a los demás ser los protagonistas de su vida?. 

Nosotros elegimos el papel de nuestra película.

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog

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