EL VALOR DE COMPARTIR

Algo que especialmente me inspira, me hace despertar y conectar conmigo misma, y con los demás, es compartir con otras personas.

Estoy muy agradecida de poder compartir con mis compañeras y compañeros de vida lo que nos mueve, en cada momento. Estoy agradecida de poder crecer acompañada de las personas que siento cerca.

Para mí compartir es más que hablar.

Es escuchar al otro con intención de verlo, con una mirada y escucha curiosa hacia lo que es y lo que dice. Sin juicio, con apertura y confianza. Con observación en búsqueda de su misterio.

Es el silencio.

Es sacar de mi diálogo interno las palabras que describen lo que me pasa, contándoselo a otra persona. Compartiendo mis experiencias soy capaz de ver más lejos.

Con las palabras del otro, escuchando su opinión y sentir voy cogiendo lo que encaja en mí y cuestionándome lo que en ese momento no encaja.

Yo siento que en el compartir cuando hay respeto, aceptación y apertura quienes se comunican son los seres, la pureza de cada uno de nosotros. Las relaciones se convierten en nutritivas. Compartiendo sembramos la semilla de la confianza y vamos viendo cómo va floreciendo lo mismo a nuestro alrededor. 

El camino se hace ligero y luminoso.

Hay momentos de largas e intensas cuestas, e incluso puedo sentirme en arenas movedizas pero siento manos dispuestas a ayudar si así lo necesito y también me siento agradecida de estar presente para quien me quiera a su lado para disfrutar juntas del camino.

Una de las experiencias que han generado en mí esta certeza ha sido formar parte de la Tribu de Madres Conscientes, una comunidad virtual que tiene ya dos años de vida y que para muchas de las integrantes ya se ha convertido en relaciones presenciales,  “de carne y hueso”. Los principios de funcionamiento se basan en el no juicio, en no aconsejar si no lo pedimos, hablar desde nuestra experiencia, es decir respetar. Se generan verdaderas conexiones mágicas y una evolución personal que sólo es posible gracias a que el terreno está preparado para que así florezca. El respeto de los principios lo convierten en un lugar seguro. 

Cuando fui capaz de vivir esta experiencia en este espacio fue natural ir llevándolo cada vez más al resto de relaciones.

También observo a mi alrededor que es una necesidad latente, no siempre expresada pero que cada vez soy capaz de ver más: la necesidad de conectar, de sentirnos respetados y mostrarnos tal y como somos.

El amor es el antídoto del miedo. Al compartir optamos por amar, acompañar y sentirnos acompañados.

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog

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