Darme permiso

Es frecuente que mi vivencia interna se pueda representar con lo que se ve en esta imagen. Vivo la cotidiana dificultad de buscar el equilibrio entre la satisfacción de las necesidades de mis hijos, mi familia y las mías propias. Quizá sea más ajustado decir entre la satisfacción de las necesidades de mis hijos, mi familia y satisfacer algunas de mis necesidades para poder seguir dando a mis hijos lo que necesitan.

Cada persona tenemos necesidades. Y de tenerlas en cuenta y, en la medida de lo posible, satisfacerlas depende nuestro equilibrio interno, nuestro bienestar.

No es tarea fácil. Los adultos, en nuestro día a día nos encontramos con nuestras responsabilidades y no siempre queda espacio para poder parar y preguntarnos cuáles son nuestras necesidades y quizá menos poder cubrirlas.

En mi caso, se hace más difícil desde que soy madre. Desde que de mi depende, en la mayoría de las ocasiones, el que mis hijos puedan satisfacer las suyas.  Aún nuestros hijos están en primera infancia, etapa en la que les corresponde recibir, nutrirse de la mirada, atención de sus padres y en la mayor medida posible es importante que sus necesidades emocionales, motrices, sociales, físicas, etc. estén satisfechas. Por su edad, y aún más cuando son bebés, para poder satisfacer estas necesidades se hace indispensable que al menos un adulto sea consciente de ellas, pueda sentir a los niños y haga posible un escenario favorable para que sean satisfechas. Teniendo ésto en cuenta, en mi caso, el poder hacer algo a favor de mis necesidades me ha resultado difícil. Es cierto que ahí han estado las circunstancias que me limitan en tiempo, sobre todo, pero para mí lo más relevante es que en ese “dar” me olvido muchas veces de darme, escucharme.  

Como una sabia mujer me dijo hace poco: “la frustración duradera en el tiempo tiene el peligro de bloquear el deseo“. Lo siento así. La frustración repetida me hace sentir impotente y puedo acabar resignándome ante las circunstancias y acallando lo que necesito. Por lo tanto, dar atención y nutrir la relación con mis hijos o procurarles un buen entorno para su desarrollo con esta sensación no funciona. Mi vaso de escucha, paciencia, entusiasmo y atención se vacía porque no satisfago gran parte de lo que también yo necesito, que es la forma de volver a poder dar esa escucha, paciencia y atención.

Así, inconscientemente es frecuente que empiece a “responsabilizar” a mis hijos de mi frustración, lo que se refleja en nuestra relación porque cuando yo no me permito a mí misma tiendo a no permitirles a ellos, a limitarles y controlarles más. Es más fácil que el vaso de desborde. Evidentemente soy yo ya adulta, la responsable de buscar mi equilibrio, mi bienestar, formas que me permitan oxigenarme para luego darles ese oxígeno a ellos.

Lo visualizo como cuando se necesitan las mascarillas de oxígeno en un avión en caso de emergencia. Como nos dicen las azafatas en los aviones en caso de necesidad de usar mascarillas primero han de usarlas los padres y luego ponérsela a sus hijos para poder ayudarles, si los padres nos quedamos sin oxígeno no vamos a poder ayudar a nuestros hijos.

mascarilla avión

Me ha resultado vital darme permiso para tener momentos exclusivamente para mí. Y cuando no puedo darme esos momentos, también saber que lo necesito y no obviarlo. Intentar aceptarlo y no estar en resistencia constante y luchar contra esa molesta sensación de impotencia.

Para darme permiso me ha resultado útil responder a la pregunta: si no tuviera ninguna limitación (ni de tiempo, ni de dinero, ni responsabilidades) ¿qué haría yo hoy?. Con la lista de esas ideas que me llegan puede ser que alguna sea posible hoy incluso en la compañía de mis hijos, y otras tenga que esperar a un rato a solas para lo que requiere cierta organización familiar, pero aunque no pueda hoy, a medio plazo puede que sean muy posibles.

Además me parece importante que igual que Iago y Leire están aprendiendo a identificar sus necesidades y pedir lo que necesitan, sepan que cualquier persona, niños y adultos, tiene las suyas y a veces esas necesidades entran en conflicto, lo que conlleva aprender a gestionarlo. En ocasiones prevalecerán las suyas y en otras las necesidades de otros serán atendidas en lugar de las suyas y es importante poder aceptarlo.

A lo largo de este proceso me he dado cuenta de algunas de las creencias que alimentaban esa resignación al dejar de escucharme o la culpa cuando a veces me he permitido hacer algo en detrimento de las necesidades de otro:

  • Una creencia con la que he crecido sobre atender primero lo que viene del exterior antes que lo mío propio. Cuando no he escuchado mi voz interior durante tiempo, me ha costado volver a escucharla, darla permiso y que se atreva a expresarse de nuevo.
  • Una creencia que habla sobre la importancia de la madre en el desarrollo de nuestros hijos e hijas. Creo firmemente en la influencia vital que tenemos como madres en el desarrollo y en la vida de nuestras hijas e hijos. Sin embargo a mí esta creencia me ha llevado a la exigencia. No se me dan bien los términos medios y es fácil que mi tendencia es a exigirme demasiado. En ésto no ha sido una excepción, y me ha llevado tiempo darme cuenta que para tener una presencia de calidad con mis hijos también necesito algún tiempo de calidad conmigo misma o disfrutar haciendo cosas al margen de ellos.

El permiso me lo doy yo, igual que me lo quito. Las limitaciones están en ocasiones muy establecidas por las circunstancias pero yo puedo ser la que más me limito. Al yo empezar por darme permiso las circunstancias pueden hacerse más flexibles e ir avanzando hacia una mayor armonía para todos.

mariposas livertad

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog

2 comentarios en “Darme permiso

  1. enarahr dijo:

    Ana, me siento totalmente identificada con lo que dices y la verdad es que leer tus ideas ordenadas me ayuda a estructurar las mías. Yo crecí creyendo bien orgullosa que mi madre dejó de ser persona para ser madre. Al devenir madre me voy dando cuenta del flaco favor que se hizo y de las consecuencias que eso tiene. Intento quitarme la exigencia de la madre abnegada y de lo importante que es satisfacer o al menos ser consciente de las necesidades propias por el bien de todos.
    Gracias, Ana.

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    • anabrial dijo:

      Hola Enara! Lo primero muchas gracias por tu feedback, me ayuda mucho.

      Pues sí es un tema delicado y difícil éste. Es complicado realmente encontrar nuestro equilibrio sin “obedecer” las ideas que nos llegan ni actuar por oposición, haciendo lo contrario.

      En eso para mí está la clave, aprender a escucharme realmente a ser sincera conmigo misma primero y actuar en coherencia con eso en la medida de lo posible.

      Por lo que he compartido con otras mujeres, algunas cuando fueron niñas tuvieron una madre que se dedicó “por completo” (presencia física pero no tanto conexión emocional) a sus hijos y al ellas devenir madres han actuado en oposición resistiéndose a dar a sus hijos lo que necesitan por no “seguir” el patrón de su madre o por no ser capaz de conectar con su hijo, o ambas cosas.

      Y mujeres que tuvieron una madre que sintieron ausente porque tan siquiera estaba presente físicamente y que han optado por ser más presentes con sus hijos dedicándose a la crianza de sus hijos casi en exclusiva.

      También mujeres para las que la corriente social más generalizada determina su decisión.

      Y habrá otras muchas opciones claro…

      Para mí lo importante es hacerlo desde la consciencia dándonos cuenta de qué nos lleva o influye en nuestra postura precisamente para actuar desde el yo, más fiel a mí y más libremente.

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