Vinculando con el juego

En el último año dos de los libros sobre crianza/ educación que más me han aportado han sido “Padres Conscientes” de Shefali Tsabary, al que llegué gracias a un grupo de lectura y reflexión que la Asociación Eduki de Balmaseda (Bizkaia) ha puesto en marcha, y “Juegos que Unen” de Aletha Solter.

En “Padres Conscientes” uno de los capítulos que más me ha hecho reflexionar tiene como título “las dos alas de águila”. Refiriéndose a que los niños y niñas “necesitan dos flujos de aprendizaje que podemos visualizarlas como las dos alas del águila: autenticidad y contención. Si al niño le falta una de las dos no alcanzará todo su potencial“. El 90% del libro habla de cómo facilitar que la autenticidad del niño sea respetada, a que estén conectados con su voz interior y en el capítulo nombrado introduce la “contención“, hablando entre otras cosas de importancia de que los niños desarrollen la capacidad de escuchar y aceptar las necesidades de los demás igual que se tienen en cuenta las suyas.

Hay momentos en que podemos ver en nuestros hijos comportamientos que consideramos no aceptables y habla de lo siguiente:

El mal comportamiento refleja necesidades emocionales insatisfechas

Casi nunca nos damos cuenta de que, cuando los hijos se portal mal de verdad, seguramente estén gritando: “quiero aprender a contenerme porque no me gusta sentirme así cuando estoy descontrolado. No me gusta sentirme culpable por haber hecho daño a los demás y no me gusta sentirme avergonzado todo el rato. Soy una buena persona. Ayúdame por favor a expresar mi bondad”.

Si no se aborda la emoción subyacente, continuarán las manifestaciones superficiales de conducta inapropiada

Unido a cómo tratar las necesidades emocionales insatisfechas, a tratar la emoción subyacente a esos comportamientos no aceptables para nosotros, el libro de Aletha Solter me ayudó a relacionar cómo los diferentes tipos de juegos que nuestros hijos nos proponen vienen en muchas ocasiones a dar salida a ese malestar que vemos desde el exterior, a través del juego, ayudando a fortalecer el vínculo madre/ padre- hijo/hija.

“El viaje parental tiene el potencial de ser, tanto para los padres como para los hijos, una experiencia espiritualmente regeneradora en la que cada momento es un encuentro de espíritus, y en la que los hijos y los padres comprenden que unos y otros danzan en un camino espiritual que es único, cogidos de las manos, y sin embargo, solos”. Shefali Tsabary.

En esta época del año en la que es más posible que pasemos más tiempo con nuestros hijos tenemos la oportunidad de experimentar y cuestionarnos muchas ideas de las que en estas lecturas se exponen y sacar buen provecho de ello en beneficio de una mejor relación con nuestras hijas e hijos.

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog

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