Creamos lo que creemos

Lo que creemos determina nuestros pensamientos y, buscando nuestra coherencia, nuestros pensamientos guían nuestro comportamiento.

Nuestras creencias enfocan nuestra atención, que es precisamente donde van nuestras emociones y nuestra energía, tomando más realidad para nosotros lo que nuestra creencia va iluminando.

Así, las creencias influencian nuestra vida. No tienen por qué tener ninguna lógica. A veces las tomamos de nuestro entorno y otras las elaboramos nosotros mismos. De manera inconsciente vamos funcionando según ellas nos van dirigiendo.

En muchas ocasiones estas creencias no nos permiten avanzar hacia nuestra plenitud como personas. Nos limitan y van generando un marco de “aparente seguridad” para nuestra mente pero que si somos fieles a nuestro sentir, prestamos atención y seguimos nuestra intuición podemos ver que nos impiden hacer lo que puede ser muy valioso para nosotros.

Por ejemplo, si siento agradecimiento hacia alguien y realmente quiero expresarlo pero tengo una creencia que me dice que mi agradecimiento puede ser minimizado por quien lo recibe, por experiencias  anteriores en las que así lo he vivido, puede llevar a que finalmente mi agradecimiento no llegue nunca a la otra persona. Mi ser no se expresa cuando para mí ser agradecida es importante, es una forma de expresar mi amor hacia otra persona.

Este puede ser un ejemplo de algo que de forma aislada no tiene gran relevancia en nuestra vida. Sin embargo, las creencias nos acompañan en todo momento y determinan también nuestras grandes decisiones vitales y nuestras pequeñas decisiones cotidianas.

A menudo tenemos muchas oportunidades para cuestionarnos el error de nuestras creencias, sin embargo desmontar el sistema de esa “aparente seguridad” no es fácil, tomamos contacto con el miedo de perder esa “seguridad”. A veces aunque no nos sintamos bien comportándonos de cierta manera, o si lo observáramos con atención veríamos que nos limita e impide ser lo que realmente somos, no somos capaces de cambiar lo que hacemos.

Siguiendo en el caso del ejemplo anterior puedo experimentar que con ciertas personas expresar mi agradecimiento es aceptado y me acerca al otro pero en la mayoría de las ocasiones sigo actuando según la creencia me dicta, por miedo a no ser aceptada. Así es mientras las creencias se mantienen en la inconsciencia.

Cuando una de estas creencias limitantes e inconscientes se expone a la luz de la consciencia se debilita y disminuye su presencia en nuestra vida. El miedo da paso al amor, a mi esencia, voy viviendo más cercana a mi verdadero SER.

Algo que me ayuda mucho, quizá porque mi aprendizaje es muy visual es hacer un listado de creencias antiguas y creencias nuevas. Así, cuando me doy cuenta de que una de estas creencias ha cambiado la anoto poniendo la antigua al lado de la nueva y esa comparación me ayuda a ser más consciente del cambio y llevarlo a mi vida, a mi comportamiento. A veces me sorprendo dándome cuenta antes de hacer algo que eso sería coherente con la creencia “antigua” pero mi comportamiento hoy sería otro. Cambio mi forma de hacer y así me siento avanzar hacia lo que soy, avanzando en autenticidad.

Si vamos dejando atrás esa muralla que constituye nuestras creencias podemos vivir una vida con mayor libertad y una belleza que tan siquiera podíamos imaginar cuando inconscientemente nos manteníamos dentro de ella.

muralla

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog

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