Aceptar y Soltar acompañada por el otoño

Estamos en otoño. Esta estación en la que la naturaleza nos regala, una vez más, una muestra de su sabiduría, de todo lo que podemos aprender de ella. Viene a mi mente el texto que comparto más abajo de Jose María Toro que hace unos años conocí y que vuelve a mí de vez en cuando, no sólo en otoño pero sí inevitablemente en esta época. Las hojas empiezan a dejarse caer, a soltarse en un gesto de belleza, humildad y generosidad. Dejando espacio para lo nuevo, confiando en lo que llegue en primavera.

Lo que de este texto se desprende veo que está muy relacionado con la aceptación. La aceptación es para mí un ejercicio de humildad, de dejar de resistirnos a lo que vivimos en nuestra realidad. Es dejar de controlar, de idealizar, de exigirme y exigir a los demás. Es reconocer mis errores y no sentir culpa por ellos. Es reconocer mis límites y los de los demás. Es dejar de buscar la perfección y disfrutar con el aprendizaje. Es entregarme a la vida.

Aceptar me trae la calma que acompaña a la confianza de que en cada momento la vida me da las experiencias que necesito vivir para crecer.

Aceptar no es resignarme. Una vez que acepto la realidad puedo cambiarla, mientras que si estoy en resistencia, en enfado o queja con las circunstancias que vivo o viví me apego más a esa circunstancia molesta, o a ese sufrimiento y no consigo “soltarla”, perpetuando ese malestar durante más tiempo.

Aceptar me permite no pelear, no resistirme, estar en paz y crear un espacio para recibir lo nuevo.

Tenemos a diario muchas oportunidades para dejarnos llevar, para liberarnos de pesos innecesarios. Empezando por las cosas y relaciones que nos rodean. Quizá en un principio pueda parecer que el soltar “cosas” pueda ser más fácil… Si queréis podéis hacer el ejercicio de abrir un armario y deshaceros de lo que no necesitáis realmente y observar los pensamientos y sensaciones que se van manifestando. A pesar de ser cosas, existen apegos (aunque quizá no lo uses desde hace años), creencias que te van hablando (“lo guardaré por si acaso”…), miedos ( “y si lo tiro y luego lo necesito…”). En mi experiencia, cuando soy capaz de desprenderme, de dejar espacio me siento más cómoda (cuando tengo menos cosas lo veo todo más claramente en el armario, el tiempo para ordenar y limpiar es mucho menor) esta sensación de comodidad también la vivo en el cuerpo, de más orden y mayor ligereza.

El otoño nos acompaña en el aprendizaje de soltar, de dejar marchar, lo no que ya no necesitamos, o lo que nos dificulta. ¡Aprovechemos la oportunidad!.

Aquí os comparto el texto original de Jose María Toro extraído de su libro “La Sabiduría de Vivir”:

Las hojas no caen, se sueltan

Siempre me ha parecido espectacular la caída de una hoja.

Ahora, sin embargo, me doy cuenta que ninguna hoja “se cae” sino que llegado el escenario del otoño inicia la danza maravillosa del soltarse.

Cada hoja que se suelta es una invitación a nuestra predisposición al desprendimiento.

Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad y profundo de sabiduría: la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire sabe del latido profundo de una vida que está siempre en movimiento y en actitud de renovación.

La hoja que se suelta comprende y acepta que el espacio vacío dejado por ella es la matriz generosa que albergará el brote de una nueva hoja.

La coreografía de las hojas soltándose y abandonándose a la sinfonía del viento traza un indecible canto de libertad y supone una interpelación constante y contundente para todos y cada uno de los árboles humanos que somos nosotros.

Cada hoja al aire que me está susurrando al oído del alma ¡suéltate!, ¡entrégate!, ¡abandónate! y ¡confía!.

Cada hoja que se desata queda unida invisible y sutilmente a la brisa de su propia entrega y libertad.

Con este gesto la hoja realiza su más impresionante movimiento de creatividad ya que con él está gestando el irrumpir de una próxima primavera.

Reconozco y confieso públicamente, ante este público de hojas moviéndose al compás del aire de la mañana, que soy un árbol al que le cuesta soltar muchas de sus hojas.

Tengo miedo ante la incertidumbre del nuevo brote.

¡Me siento tan cómodo y seguro con estas hojas predecibles, con estos hábitos perennes, con estas conductas fijadas, con estos pensamientos arraigados, con este entorno ya conocido…

Quiero, en este tiempo, sumarme a esa sabiduría, generosidad y belleza de las hojas que “se dejan caer”.

Quiero lanzarme a este abismo otoñal que me sumerge en un auténtico espacio de fe, confianza, esplendidez y donación.

Sé que cuando soy yo quien se suelta, desde su propia consciencia y libertad, el desprenderse   de la rama es mucho menos doloroso y más hermoso.

Sólo las hojas que se resisten, que niegan lo obvio, tendrán que ser arrancadas por un viento mucho más agresivo e impetuoso y caerán al suelo por el peso de su propio dolor.

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog

2 comentarios en “Aceptar y Soltar acompañada por el otoño

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