Bajo el paraguas del enfado

La expresión de un enfado parece fácil de reconocer exteriormente. Por el tono y el volumen de voz, el gesto de la cara y la expresión del cuerpo, por ejemplo.

Sin embargo, a pesar de todas estas señales puede que lo que veamos y sintamos sea enfado pero la emoción que originó ese comportamiento o manifestación sea otra diferente.

En mi experiencia cuando estoy atenta puedo ver que la emoción original puede ser miedo, preocupación, frustración, ira, tristeza, vergüenza. Si cuando empiezo a sentirme enfadada me pregunto “¿cómo estoy?” el detectar esa emoción primaria no escuchada en un principio me ayuda a saber realmente lo que me pasa, expresarme de otra forma y quizá no llegue a enfadarme.

Dejar paso a la emoción verdadera hace que ya no sea necesario enfadarme porque esa emoción ha sido reconocida y sentida, con su espacio y expresión, y la chispa se apaga.

También el ver qué hay debajo del paraguas del enfado me ayuda mucho en la comunicación con mis hijos y con los demás. En concreto en la comunicación con mis hijos, es para mí muy valioso acompañarles viendo su enfado como una manifestación de algo que no se ha expresado para llegar realmente a lo que sienten y comunicarnos desde la realidad de lo que están viviendo, no sólo de lo que parece.

Los funcionamientos más habituales en mí es que el miedo o la tristeza que no me permito sentir acaben encendiendo la chispa… ¿conoces lo que enciende la tuya?.

¡Gracias  a Miren Alaña por compartir esta forma de ir más al grano!.

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog

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