Las redes del control

Desde hace tiempo he reconocido en mí una exagerada necesidad de control. Me lo dice la tensión en mi cuerpo que acompaña a la exigencia de mi mente, mi conocida frustración y mi constante falta de aceptación de lo que se sale de mis expectativas.

A veces aún vivo esta sensación aunque cada vez soy más capaz darme cuenta de ella y en cada vez más ocasiones siento que he dejado de necesitar controlar, ¡qué alivio!.

Creo que la intención de tener “todo controlado” me sirvió durante mucho tiempo, y a veces me sirve como un grito desesperado por conseguir una paz interna artificial, basada en una satisfacción momentánea, pero tan anhelada que la actitud de “hacer” se hace intensa y mi cuerpo le acompaña tensándose en la búsqueda exasperada de cumplir las exigentes expectativas de mi mente. Me genera prisa interna, creada por mí misma, sin dirección, objetivo, ni motivo concreto, al menos conscientemente…

Para profundizar en esta necesidad de control me ha ayudado hacerme preguntas como las siguientes:

¿A quién pretendo satisfacer?,

¿Para qué tan elevadas expectativas?,

¿Quién exige la adulta o la niña interior?.

Ahora, al escribirlo me parece toda una barbaridad, un ejercicio de ego increíble. ¿Cómo “yo sola” puedo pretender anticipar o prever la VIDA, lo que por naturaleza es desorden y caos?. Esta necesidad de control está predestinada a encontrarse con frustración e impotencia a toneladas. Muchas toneladas.

Mi control esconde miedo a que las expectativas no sean cumplidas, a que algo se salga de lo marcado por mi cabeza, ¿a no ser suficiente?, ¿a parar de hacer? ¿qué me encuentro si paro?.

Mi control esconde miedo a no ser capaz de alcanzar aquello imaginado o cómo lo he imaginado, y supone la esclavitud a obedecer a ese dictadora interior que afecta a la relación conmigo misma, con el resto de personas y con la vida.

Mi control esconde la poca confianza que puedo tener en mí misma y en lo que la vida me pueda traer.

Mi control esconde la creencia de que voy a ser valorada por lo que hago, no por lo que soy, entre otras muchas creencias.

Mi control consume mi energía a través de la resistencia a aceptar la realidad, a lo que es, pretendiendo que sea lo que yo imagino.

Mi control determina mi paz interna. El sosiego momentáneo que puedo sentir está totalmente relacionado con el control que puedo ejercer, del resultado que pueda obtener, no de vivir en armonía disfrutando de la vida con su movimiento. La sed de control se hace insaciable y no se puede mitigar porque voy a buscar agua a un pozo profundo y seco.

El control, según yo lo siento es un mecanismo puesto en marcha para sobrevivir en un mundo percibido como inseguro, hostil. ¿Me defiendo controlando para para contrarrestar mi percepción de fragilidad o sensación de soledad en ese mundo?. Quizá… Esa defensa me aisla de la realidad, de mí misma y de los demás. El control genera distancia.

El control es lo contrario de estar aquí y ahora, en el momento que vivimos a cada instante. Es querer obedecer a mi mente, lo que imagina y me exige. Alimenta mi diálogo interno y me desconecta de mí misma. Me lleva a negar lo que siento o necesito en cada momento porque ya tengo una orden de mi cabeza, una idea preconcebida y el querer cumplir con eso ciega mis sentidos y bloquea los emociones.

Es un funcionamiento que tiene una gran poder sobre mí mientras está en acción. Necesita mucha energía para desplegarse. Sin embargo es como una torre de naipes que cuesta tiempo y atención armar y su fragilidad hace que se destruya al mínimo movimiento. Un movimiento no esperado hace que esa paz interna vuelva a esfumarse.

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El ir reconociendo mis cualidades y sus límites, cuáles son mis necesidades y tener la experiencia de que apoyándome en todo eso mi SER tiene más voz, mi exigencia va callando y  el control pierde fuerza

Una paz auténtica y más duradera aparece, que se nutre de la maravilla de cada momento, de la realidad, de estar presente, de amar, de sentirme libre internamente, de la flexibilidad, de tomar mis errores como aprendizajes, de la alegría, de la creatividad, en definitiva de atreverme a  SER YO y VIVIR apoyada en la confianza en mí misma, en los demás y en la vida.

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Ana Rial

http://www.misentido.blog

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