El magia del pulso

Una noche, antes de dormirme, estaba tocando el brazo de mi hijo y sentí su pulso. Me maravilló permanecer en silencio y sintiendo su vida, su existencia, su ritmo, su temperatura, y a la vez que con la otra mano pude sentir el mío y la conexión nuestros latidos.

Esta sensación de vínculo y vida me emocionó, aún me emociona.

Lo puedo practicar conmigo misma aunque compartirlo con otra persona es más mágico.

El silencio y el contacto nos permiten SER y ESTAR en una armonía no siempre fácil de vivir durante el día en el que hay ruido continuamente: hablamos, hacemos, nos movemos y habitualmente no seguimos nuestro ritmo interno. En el ritmo de la actividad diaria nuestros pensamientos también hacen más ruido y nos alejan de esa sensación de quietud interna.

En el momento de antes de dormir, la quietud exterior permite nuestra quietud y conexión interior. La comunicación es nuestro latido, simple y grandioso a la vez.

Sentir el pulso es un recurso de conexión que siempre está a nuestro alcance. Junto con la mirada y el juego, el que vivo más conectivo con mis hijos.

Estoy experimentando que el silencio es un componente necesario para esta conexión con la magia, tanto conmigo misma como con los demás.

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog

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