¿PROPONER o IMPONER?

Cómo los adultos nos comunicamos con los niños tiene un gran impacto.

Te invito a reflexionar sobre cuándo propones y cuándo impones.

Una PROPUESTA del adulto tiene implícito el respeto hacia la libertad de decisión del niño.

Nuestro amor hacia él no va a estar condicionado por cuál sea su respuesta. Una negativa a nuestra propuesta no va a suponer un rechazo hacia él.

Así, desde la seguridad de que va a ser aceptado se siente libre y con permiso para conectar con lo que realmente es su decisión y expresarla: su respuesta puede completar y enriquecer nuestra propuesta.

Como adultos, nos abrimos con flexibilidad y curiosidad hacia lo que brota del niño.

Así las propuestas pueden ser oportunidades en las que los niños van consolidando la confianza en sí mismos, en sus intuiciones, anhelos, llamadas.

 

Una IMPOSICIÓN no acoge ninguna opción más allá de lo que se quiere imponer.

El niño no tiene opción de expresarse y aportar diferentes puntos de vista o alternativas a lo que se le es impuesto.

 

El amor del adulto al niño, en forma de aprobación, suele estar condicionado a si accede o no a nuestra petición, por lo que el niño acaba acallando su voz, precisamente por miedo a la pérdida de la mirada amorosa del adulto, que en infancia es lo que da o no valor a su existencia.

Si en el entorno del niño las imposiciones son habituales, es común que el niño acabe desconectando de lo que realmente siente, necesita, desea, opina, intuye, de su registro interno, para hacer lo que crea necesario con tal de conservar esa mirada de aceptación del adulto. Así comienza a despegarse de sí mismo.

En mi opinión, los adultos debemos permanecer especialmente atentos a las imposiciones que no son tan evidentes. Aquellas más sutiles y que por ello no dejan de serlo.

Una vez más, es importante que observemos lo que proponemos/ imponemos preguntándonos cuál es la verdadera intención de nuestras propuestas.

¿Es realmente una propuesta? o ¿Es una imposición encubierta?.

¿Elegimos el camino del AMOR o el del MIEDO?.

Normalmente son mis hijos quienes se dan cuenta de estas sutilezas y llaman las cosas por su nombre. Gracias una vez más.

Nuestra comunicación, mucho más allá de que consigamos o no lo que nos proponemos, tiene una gran repercusión en nuestro vínculo, en nuestra relación.

Sigamos atentos.

PROPONERIMPONER

Ana Rial

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