La dualidad del silencio

El silencio facilita el encuentro y provoca el desencuentro.

Nos conecta con el amor y es un soldado del miedo.

Hablo de mi experiencia.

El silencio facilita e invita al encuentro. En momentos de silencio vivo la mayor de las conexiones conmigo misma, con lo que soy, lo que me interesa, apasiona,  lo que me obstaculiza, siento, vivo. En silencio puedo estar más atenta a la escucha de mi realidad interna.

De esa escucha brota mi voz interior, mis tomas de consciencia, surge lo que escribo y comparto.

En silencio mi capacidad de captar crece y nace una percepción más clara, más amplia.

En mi relación con los demás el silencio posibilita la existencia del otro y la mía, como en una canción el silencio da paso al sonido. En los momentos en que está presente una escucha silenciosa, no sólo por lo que no digo sino también por lo que no pienso, la relación se nutre en forma de respeto.

El silencio posibilita la conexión y una comunicación respetuosa entre personas.


En otros momentos, el silencio es un instrumento de violencia invisible implacable. Es usado como castigo y generador de distancia.

Es el silencio que genera tensión porque no es alimentado por el respeto y el amor, si no por el miedo. Puede ser el miedo a no ser aceptada, a no poder controlar al otro, a no tener razón, a ser rechazada.

En definitiva si uso así el silencio estoy dirigida por el miedo de mi ego, esa imagen construida por mi, a ser atacado y cuestionado Es decir, es el miedo de mi ego a desaparecer. Es el miedo de mi personaje a que ya no lo interprete y mi SER sea lo que guíe mi vida.

Puede que en un momento de conflicto necesite mi espacio precisamente para escucharme, conectar conmigo misma y clarificarme. Si así es, lo puedo comunicar al otro sin necesitar crear ese silencio tenso y distante en el que toda interpretación es posible. Son estos momentos en los que los pensamientos como “no entiendo lo que está pasando”, “seguro que he hecho algo mal”. “no me merezco la presencia del otro” se ponen en marcha y me llevan a sentir el miedo al rechazo.

Estos silencios hacen que el dolor no sanado sea perpetuado.

El silencio usado como arma destructiva hace más grande la distancia e impide el acercamiento y la solución del conflicto.

Te invito a prestar atención a los silencios y cuestionarte: ¿este silencio está alimentado por el amor o por el miedo?. Este silencio ¿posibilita al encuentro o genera el desencuentro?.

 

De cada persona depende que de esta dualidad nazca la unidad. 

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog.

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