INOCENCIA

Lo que hoy vivimos como culpa en su origen fue inocencia.

Esa inocencia AMOROSA, espontánea y curiosa con la que nacimos que nos hacía atender y seguir nuestras pulsiones innatas para SER lo que SOMOS.

En algún momento se fue cambiando por la culpa que nos trajo MIEDO de SER aquello que latía dentro, que aspiraba a SER en cada uno de nosotros.

El miedo de no ser lo que se esperaba de nosotros ahogó al amor por nosotros mismos, esa conexión mágica interna.

Y empezamos a mirar hacia afuera.

A dejar de atender eso que dentro de nosotros llamaba a ser por intentar hacer lo que se esperaba de nosotros y así recibir el amor que necesitábamos para sentirnos seguros, aceptados, existentes. De lo contrario vivíamos el rechazo, la falta de aprobación y la culpa por no cumplir las expectativas del otro.

En un momento dado aquello que era un juego, una exploración, un descubrir el mundo y descubrirnos a nosotros en él fue rechazado y juzgado como “no adecuado” o “malo” por nuestros adultos de referencia. Ahí empezó el “juego” de víctima y culpable, roles que hemos interpretado e interpretamos continuamente. Quizá cada persona se ve identificado más con uno de ellos pero en las múltiples relaciones y situaciones de nuestra vida nos hemos visto ya interpretando ambos.

Lo que era inocencia y amor se convirtió en violencia y miedo.

Así, siendo adultos la culpa la usamos como el autocastigo que nos imponemos, siguiendo los patrones de los castigos emocionales que nos ponían de niños, negándonos nuestro valor como seres humanos.

Personalmente, necesito reconocer y recuperar mi inocencia. Liberarme de esa culpa que me sitúa en el miedo y liberar al otro de ser el culpable de mi miedo.

Elijo vivir el amor, asumir  responsabilidad. Estoy agradecida a mis errores las oportunidades de aprendizaje que me brindan y así puedo seguir explorando lo que no conozco sin miedo y con ánimo de crecer.

Este camino de reencuentro con mi inocencia me abre al encuentro con la inocencia del otro y evitar el juicio de víctima y culpable.

Una vez más mis grandes maestros en este aprendizaje están siendo mis hijos. Reconozco en ellos esa inocencia que había olvidado en mí. Su espíritu limpio, inocente, libre, curioso y lleno de amor.

La inocencia va de la mano del amor y  la libertad.

La culpa se abraza al miedo y la dependencia.

Ahora sí podemos elegir qué camino elegir. Como cada aspecto de lo que SOMOS siempre permanece, podemos recuperarlo y VIVIRLO.

 

Abrazo mi corazón inocente, también el tuyo. Sin culpa podremos vivir libres y generar relaciones libres.

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog.

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