Nuestra imagen

Desde nuestra niñez vamos generando una imagen propia con la que necesitamos identificarnos. Algo que nos permita decir “yo soy…”.

Vamos escuchando del entorno frases que nos “ayudan” (o ¿dictan?) a ir dando forma a esa imagen: “mala“, “buena“, “tímida“, “desastre“, “hábil”, “pesada“, “charlatana“, “responsable“, “vaga“,  y un largo etcétera.

En ese momento lo que escuchamos del entorno es para nosotros la VERDAD. Sólo nos podemos ver en los demás, por la aprobación, aceptación y el amor que recibimos de nuestros referentes. Lo que escuchamos sobre nosotros se convierte en lo que creemos de nosotros mismos y así se fragua lo que tomamos como nuestra identidad.

Esto nos lleva a renunciar inconscientemente a nuestros anhelos, aspiraciones, dones, habilidades innatas para escuchar lo que “se dice de nosotros” y así ser fiel a ello, construyendo los personajes que vamos a interpretar en este teatro de la vida.

Podemos simbolizar este proceso como una matryoshka, las muñecas rusas que van encajando una dentro de otras.

matryoshka

 

Nuestra esencia genuina puede estar representada por la más pequeña de las muñecas. Esa energía pura que es como una esencia donde se concentran todas nuestros recursos innatos. Esa esencia es todo lo positivo que vive en nosotros y aspira a existir siempre.

En el momento en que para ser amados necesitamos hacer algo diferente a lo que realmente nace de nosotros vamos construyendo un personaje, una capa bajo la que se esconde nuestra esencia. Y van creándose las muñecas siguientes, las siguientes capas… se va creando nuestro ego. Así, hasta que aquella esencia ha quedado sepultada bajo nuestros personajes. Cada vez más inaccesible y en algún momento nos preguntamos ¿quién soy?.

Puede que sintamos un “vacío”, una sensación de “estar perdido“.

Es hora de emprender este camino de vuelta, de reencuentro con nuestro SER, que es lo que nos mostrará la dirección de nuestra vida.

Recuerda: todas las respuestas están dentro de ti.

La dificultad reside en observar, escucharte de VERDAD. Tu voz puede que esté lejana o lo que te cuente sea lo que quieras escuchar para mantenerte en el mismo sitio que hasta ahora , no tu verdad.

Para, siente y escucha desde el amor, no desde el miedo, lo que puedas encontrar. Todo eres tú.

 

En la próxima publicación hablaré del apego a nuestros personajes creados y cómo el dolor que sentimos al desapegarnos de ellos es la puerta de entrada a ese reencuentro con nosotros mismos.

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog

 

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