Lo inesperado, ¡una oportunidad!

Siguiendo lo que compartía en la anterior publicación, todos esos roles o personajes con los que nos identificamos conforman lo que creemos que es nuestra identidad por lo que cuando vemos amenazado uno de estos trajes  (rol de hija, madre, posesiones, status, trabajo, ideología, etc) nuestra existencia pierde sentido.

Ahí se manifiesta el apego hacia aquello que tenemos miedo de perder o ya hemos perdido. Por ejemplo, si alguien pierde su trabajo de sastre y para esa persona “ser sastre” es lo que es su identidad tendrá un conflicto interno muy importante.  En un momento dado se dice “si no soy sastre, ¿qué soy?“.

Son estos momentos cuando sentimos esa dependencia de aquello que desearíamos que fuera eterno y creemos necesitar para mantener nuestra sensación de seguridad.

El ego, que con tanto esfuerzo y tiempo hemos ido creando lucha por permanecer, teme desaparecer. Esto es la resistencia que sentimos a aceptar la realidad, la naturaleza de las cosas y de la vida. Esto nos provoca dolor.

Sin embargo, en un instante algo pasa que amenaza esa supuesta seguridad. La vida nos trae continuas oportunidades de vuelta a casa, todo lo inesperado que sucede y que en un primer momento no desearíamos que sucediera nos da la oportunidad de generar el cambio que necesitamos.

Aquello que creíamos inalterable en un momento desaparece o cambia y ese movimiento nos da la oportunidad de buscar dentro de nosotros para encontrar lo que verdaderamente somos y recuperar nuestro rumbo.

Encontraremos algo que permanecerá siempre porque es nuestra esencia y es inalterable ante lo que pasa en el exterior.

Nuestro sentido de identidad deriva de un lugar mucho más profundo y verdadero que la mente donde están instaladas nuestras creencias (la mente)”. Eckhart Tolle.

 

Las pérdidas, los duelos, esos momentos de cambio son verdaderos momentos de llamada hacia el interior, de encontrarnos para recuperar nuestra esencia y vivir más fieles a ella. Antes de llegar a ese encuentro es para mí esencial vivir el duelo con todo lo que ello conlleva, aceptando y liberando cada emoción que llega y se genere espacio para lo nuevo.

Con el dolor liberado se despliega toda la creatividad para generar nuevas oportunidades que antes del duelo quedaban bloqueadas por nuestras creencias limitantes.

Ese choque, ese momento  inesperado desbloquea de pronto esas creencias cuando encontramos el coraje suficiente para afrontar el miedo de desarmarnos de esas verdades internas que hoy caen por su propio peso.

Acceder a nuestro coraje, a esa sensación de yo puedo, nos abre un nuevo camino quizá lejano de la imagen de la que partíamos, pero sin duda un lugar más verdadero.

Por lo tanto, el dolor que provoca despegarnos de lo que creemos que dependemos es la puerta de entrada hacia lo nuevo.

El dolor, la mayoría de las veces ignorado y menospreciado es donde está el punto de encuentro con lo que realmente somos.

 

Ana Rial

http://www.misentido.blog

 

 

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