LOS MATICES: ACOMPAÑAR Y SALVAR.

Me gusta observar los matices y apreciar las pequeñas diferencias que me permiten profundizar en la comprensión de la Vida.

Si no nos paramos a observar esos pequeños matices podemos sentir confusión las vivencias que se nos presentan.

Y yo soy una amante de la claridad.

Así que en próximas publicaciones iré compartiendo algunos de esos matices que he observado y que para mí marcan la diferencia. 

Quizá también a ti te permitan llegar a mayor claridad.

Hoy os hablo de la diferencia que vivo entre acompañar y “salvar”.

Acompañar para mí es permanecer, observar y estar disponible hacia el otro sin intervenir ni dar soluciones ni ayuda si no nos lo pide.

Es como ir caminando por un camino al lado de alguien y nosotros podemos permanecer al lado permitiendo que esa persona se tropiece o decida qué camino tomar en las intersecciones. Sin aconsejar, sin ayudar mientras no nos lo pida. Mientras podemos compartir nuestras experiencias e ir enriqueciéndonos en la relación que mantenemos en ese camino que transitamos juntos.

“Salvar” para mí es dar el paso de intervenir en su camino impidiendo que la persona haga su propia experiencia según lo que ella necesita vivir. 

¿Quizá porque no confiamos en sus capacidades?. Cada persona tiene en su interior todo lo que necesita para recorrer su camino de Vida. Sólo ha de ir descubriéndolo.

Quizá si intervenimos lo que queramos sea cambiar ese camino por uno que nosotros valoremos como “mejor”. Y así pretendemos “salvarle” de los tropiezos, de los errores que pueda cometer eligiendo uno u otro camino, cuando realmente son los aprendizajes que enriquecerán su experiencia vital. Esto lo haremos desde el juicio y el ego porque consideramos saber qué es lo que le conviene, qué necesita, qué no puede hacer por si mismo.

En ese querer “salvar” no le permitimos desarrollar sus recursos y que viva la responsabilidad que tiene hacia su Vida. No le permitimos desarrollar la confianza en su valía.

Por otro lado, mientras intentamos “salvar” a alguien se nos puede olvidar que dejamos de responsabilizamos de nuestra Vida. 

¿Quizá tengamos miedo a tomar íntegramente la responsabilidad de la nuestra y preferimos ocupar nuestro tiempo y energía en intervenir en la vida de los demás?.

Y para acompañar debemos sentirnos en presencia de nosotros mismos, hacernos plenamente responsables de nosotros para así poder prestar esa presencia plena hacia el otro.  Una presencia de amor y confianza para que el acompañamientos sea sin juicio, sin invadir y sin impedir que la otra persona viva las experiencias que le pertenecen.

Cada uno somos los protagonistas de nuestra Vida. Nadie más.

Permitamos a los demás que también sean los protagonistas de la suya.

Así nuestras relaciones respirarán Libertad y Amor incondicional.

Ana Rial

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